Florecer por coronavirus

Esta pandemia ha sacado a florecer una serie de deficiencias de un sistema débil y frágil.

Deficiencias sanitarias, más que evidentes, en capacidad de reacción por falta tanto de material como de personal entre otras tantas, así como en los cuidados de nuestros mayores, a quienes además debemos tanto.

Deficiencias en un sistema productivo que, por ejemplo, nos ha llevado al mundo entero a depender de recibir prácticamente cualquier material de China. Material y productos que, a pesar de los sellos y certificados, su calidad en muchos casos dejan bastante que desear.

Deficiencias educativas y en las capacidades de familias y niños, y no tan niños, a la hora de acceder a una información en remoto, de una conexión a internet aceptable y de equipos para ello y que, con o sin confinamiento, resultan siempre útiles.

Deficiencias competitivas y de ver quién es primero y quién último, en lugar de cooperar y colaborar unos con otros para salir cuanto antes y de la mejor manera posible, y avanzar todos, de manera más segura, y en conjunto, y sin tanto individualismo.

Deficiencias de movilidad, peatonalizando zonas de prisa y corriendo, mezclando peatones con vehículos de dos ruedas con y sin motor, y sin respetar a los verdaderos protagonistas de estas zonas, los peatones.

Deficiencias económicas y sociales, donde las personas más afectadas están siendo autónomos y empleados, en éstos últimos en particular los más precarios, temporales, de contratos que ya eran abusivos con anterioridad, o sin incluso contrato; personas sin horar y sin poder cumplir con el obligado confinamiento; personas solas. En general, los más vulnerables en todos los ámbitos.

Deficiencia en el trato, o más bien maltrato, al que sometemos a nuestro ecosistema y medioambiente y que, con toda esta crisis sanitaria por el Covid-19, le estamos dando un respiro.

Sin embargo, esto no puede servir más que para ser más positivos que negativos. Aprovechar ese florecer primaveral y aprender de la realidad que nos ha dado en la frente. A regarnos, individual y colectivamente, desde lo local a lo global, y así no marchitarnos. A crecer más fuertes de lo que ya éramos, con más color del que ya teníamos, y más relucientes y vivos de lo que ya estábamos.

Ánimo, y a seguir cuidándose. A seguir cuidándonos.

Ya me equivoco yo, gracias.

Y así lo veo. Prefiero equivocarme yo a que lo hagan por mí. Incluso hasta morir, prefiero morir por una decisión mía que morir a causa de una decisión ajena. Aunque bueno, tampoco es una desición que pretenda tomar, que se nos van los ejemplos de las manos.

La vida es, aunque algo más serio, como un juego de mesa donde varias personas, cada una en su turno, deciden cómo actuar. Toda decisión tiene unas consecuencias, pero nunca nunca nunca sabrás qué hubiera pasado o cómo hubiera trascurrido la partida si la decisión hubiese sido otra.

Todas las decisiones, por insignificantes que parezcan, cuentan, afectan y llevarán hacia una dirección u otra. Eso si, siempre habrá alrededor un ‘sabio’ que parece estar en posesión de la verdad suprema, que ve más alla y que además tiene como una especie de don para devaluar la importancia de un tema en cuestión, llegando a hacerte sentir incluso hasta ridículo. Curiosamente el que corre el ‘riesgo’ de las consecuencias no suele ser precisamente él. Equivócate tu en tus cosas anda bonico, que ya me equivoco yo por mi.

Somos la consecuencia de nuestras decisiones,
ellas te llevan a donde estás.

Escoger siempre aquella opción que parezca que dará los mejores resultados no siempre es fácil. Pero, igual que somos animales con un instinto, también disponemos de la capacidad de razonar. Eso si, respétate a ti, y respeta a lo que te rodea.

Hacer algo puede salir caro, pero no hacerlo podría ser aún peor. Y viceversa. Porque si lo haces, bien; y si no lo haces, también bien, siempre que la decisión la hayas tomado tu. Ahora bien, ¿y si mañana no estás?; o como decía Kase.O: “nada cambia, si nada cambia”.


Así, casi todo, por no decir todo lo que te pasa, tanto para lo bueno como para lo malo, es ‘culpa’ tuya. En algún momento has debido tomar alguna decisión que te ha llevado ahí. Y nos alegraremos o arrepentiremos de aquella decisión que ha ‘provocado’ esa situación. Pero tampoco te agobies, porque seguramente, y sobre todo si la cosa no ha ido bien, lo volverás a repetir. Aprendemos por repetición.

Decide y no mires demasiado para atrás. La otra opción podría haber sido mucho peor. O mucho mejor.