Y si integramos los ODS de los informes no financieros a los etiquetados

La informacion que elabore una empresa debe ser clara, real y comprensible a todos los niveles: administración pública, consumidores, comunidades, y grupos de interés en general.

Parte interior de una chaqueta Ecoalf

Aunque tampoco se trata de informar por informar solo por el hecho de contar algo, ni de dar a conocer únicamente lo bueno y positivo, sino también lo negativo y los posibles riesgos por la propia actividad de la empresa, qué medidas se plantean para reducir esos impactos reales y negativos, y prevenir los posibles riesgos.

De hecho, la prioridad debería ser al revés, y considerar y evaluar en primer lugar los riesgos para personas, medioambiente y financieros en función de la gravedad, tanto reales como potenciales, y en segundo lugar los impactos positivos reales y potenciales generados por los propios productos, servicios o inversiones de la empresa.

Con esto, además de evitar y minimizar daños, maximizamos los resultados positivos, creando valor y contibuyendo a tomar decisiones sostenibles internamente en la empresa. Todo ello considerando las limitaciones de nuestro entorno y nuestro planeta, e involucrando a los grupos de interés a la hora de establecer objetivos y metas, por ejemplo, de los ODS. A raíz de esas metas y objetivos, se indentificarán y establecerán los indicadores que medirán el progreso, recopilando periódicamente a través dedatos cuantitativos y cualitativos.

Como consumidores, además de cubrir una necesidad personal, podemos estar apostando por una estrategia hacia el bien común.

Es fundamental que las empresas recopilen información y mantencan una comunicación veráz, fiable y periódica, desde la elaboración de los propios informes anuales o la comunicación interna de la compañía, hasta el etiquetado. Y, por qué no, evitando también en éstos los logos y grandes eslóganes confusos o que tengan poca relación con la realidad de la empresa, y sustituirlos por imágenes e información visual y claramente entendible e identificable por el consumidor, de las metas y logros a los que, indiréctamente al decidir adquirir ese producto y no otro, vamos a colaborar como consumidores, fomentando e impulsando la creación de valor en un sentido más amplio que el ecónomico. “Really George?”. Really. Que hagan ver en definitiva que, además de cubrir una necesidad (en un sentido ámplio de la palabra) personal, estamos apostando por una estrategia hacia el bien común.

Un etiquetado que aporte información en base a los impactos y metas que se persiguen con el producto. Un etiquetado alineado con los estados de información no fianciera y reflejado a través de los ODS. Aportando por otro lado y en paralelo una mayor visibilidad de los ODS al consumidor final a través del etiquetado.

Poner el foco en lo material, y no en lo que más vende. Aunque, indirectamente, y ante una sociedad cada vez más consciente y responsable, esa comunicación directa con el consumidor sobre esos impactos tendrá seguro un efecto en los objetivos financieros, esencial para la sostenibilidad financiera de la empresa, actuando como herramienta estratégica de atracción de consumidores.

La competitividad me confunde

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La solución al “habéis vivido por encima de nuestras posibilidades” parece que es seguir bajando los salarios. A mi que me lo expliquen. Tal vez la solución que buscan algunos es que unos cuantos dejemos directamente de vivir, ni por encima ni por debajo de nada.

La justificación a esta bajada de salarios es la tan repetida confianza en el exterior y el aumento de la competitividad de España como país productor y exportador de bienes y servicios, y así de paso también atraer inversión extranjera. Cuanto más barata salga la mano de obra, más baratito le saldrá al empresario tener a un regimiento de trabajadores a su cargo, menores costes de producción y por lo tanto (supuestamente) menores precios de venta.

Por un lado, y como oí decir en unas charlas hace unos días a un miembro de Coop57, “hay trabajadores sin empresarios, pero sin trabajadores no hay empresarios”. A ver si se aplican el cuento y lo tienen en consideración. Sale a cuenta “cuidar” a los trabajadores (y ya no solo salarialmente). Esto hará que la productividad aumente y los productos y servicios sea indirectamente de mayor calidad. Sólo con esto, y sin necesidad de subir los precios, el margen de beneficios aumentaría.

Por otro lado, en cuanto a un aumento de las exportaciones (por aumento en la competitividad debido a la reducción del coste salarial), no sólo depende del coste de los trabajadores, sino también de las demás materias primas (energía, maquinaria..) que, dada la (no)industrialización de nuestro país, hay que importarla, obviamente a un coste mayor, dado que en los países industrializados los costes (entre ellos los de los trabajadores ya que hablamos del tema) no son precisamente como los de España. Y por esto, y otros tantos temas más, dudo que las exportaciones sean la panacea para salir de la crisis.

Yo, como persona, de toda la vida he pensado que sería más competitivo cuanto mejor formado y mayores capacidades tuviera para desempeñar unas determinadas tareas en un determinado puesto de trabajo, y no por una mayor disponibilidad a cobrar menos que los demás (me pregunto si la respuesta que esperan en las entrevistas de trabajo sobre “y por qué tú y no otro” es precisamente esta). Si yo me alimento bien, descanso bien y tengo una formación adecuada, estoy totalmente seguro que rendiré más y mejor que una persona desnutrida y/o enferma y con una formación menos cualificada que la mía, por muy dispuesto que esté éste último a cobrar una miseria que no le permita ni vivir dignamente.

Si en lo que se enfocaran esfuerzos fuera en invertir en una mejor formación a los futuros trabajadores, en una inversión en I+D+i, en energías renovables, en hacer todo lo posible para que los pequeños genios no se vean obligados a irse a otro país donde realmente sentirse realizados y sacar el máximo provecho a su formación… estoy cien por cien seguro que conseguiríamos un país verdaderamente competitivo.

Sin embargo, y a pesar de todo esto, parece que las políticas de reducción de salarios buscando una mayor competitividad son la única salida, y de hecho se están llevando a raja tabla. Ya somos el duodécimo país con mano de obra más barata de la OIT.

En fin, cada vez entiendo menos. No se si estudiar de nuevo la carrera desde el principio a ver si me aclaro, o dedicarme a cobrar por debajo de mis necesidades.