La importancia de conocer el alcance para medir el impacto

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Photo by Annie Spratt on Unsplash

Si no conocemos nuestro alcance, si no sabemos a quién realmente estamos llegando, difícilmente vamos a obtener una medición y justificación real del impacto social que estamos generando.

No será real evaluar el alcance simplemente considerando a todas aquellas personas a las que llegamos con nuestro producto o servicio. Para conocer el número de clientes o consumidores a quienes se ha conseguido llegar, la cantidad de productos vendidos, al igual que para saber los beneficios obtenidos a raíz de éstos, ya tenemos el análisis económico-financiero.

Si, por ejemplo, queremos analizar y evaluar el impacto que estamos generando en los integrantes de nuestra organización a raíz de políticas internas de sostenibilidad y buen gobierno, no lo vamos a conseguir de otra manera más que evaluando y escuchando a aquellas personas a las que hayamos alcanzado. Es ahí donde podremos ver en qué y cuánto cambio hemos generado, tanto positiva como negaticamente. Una evaluación del impacto que hemos generado considerando absolutamente a todos los integrantes de la organización, no nos aportaría un análisis fiable. Obviamente, esto no excluye la necesidad de investigar y entender por qué no hemos llegado al resto, o al menos a un mayor número de personas.

No lo medimos todo, sino allí donde realmente llegamos.

La importancia de saber identificar a cuánta gente realmente has llegado con tu servicio, o cuánta gente realmente usa y se beneficia de tu producto en el sentido y para el objetivo que buscas, es un punto de partida crucial para seguir con un proceso de análisis y evaluación de a quién, cómo y cuánto cambio estás generando.

No se vende tan solo un producto, también se vende una marca y unos principios. Un producto que satisfaga realmente una necesidad, y no que la cree. Que dé solución a una situación o a un problema. Y para eso, hay que conocer esas necesidades del entorno. Hay que contactar, preguntar y escuchar a aquellos a quienes afectamos con nuestra actividad y acciones, así como con aquellos que afectan a nuestra actividad. En definitiva, con los principales grupos de interés de la organización o proyecto.

Aunque para lograr un cambio, y sobre todo para hacerlo de manera eficiente, hay que creer en él. El cambio empieza en uno mismo, desde dentro. Luego el cambio y el impacto social y medioambiental de las empresas debe iniciarse en ellas mismas, interiorizando esos aspectos sociales y medioambientales en sus tomas de decisiones, y evaluando el alcance de éstas dentro de la propia organización. Una empresa u organización que no se mira a sí misma y se evalúa a sí misma, difícilmente generará un cambio real en el ámbito externo a ella.

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