El poder ‘heredado’ de crear dinero.

Cuando el “encargado” de crear dinero e introducirlo en el mercado deberían ser los bancos centrales, controlando así el valor de la moneda, la inflación, etc., los que tienen ese “poder” son en realidad los bancos.

Imprimir un billete de 10 euros puede costar unos céntimos de euro, siendo su valor nominal pues eso, 10 euros. La puesta en circulación por su valor nominal (o sea, un billete de 10 euros por 10 euros) aporta un beneficio (10 euros menos los céntimos del coste de creación) que queda en poder del Estado en cuestión para destinarlo, entre otras cosas, a gasto social. Sin embargo, hoy en día esto no funciona así. De hecho, una mínima parte del dinero en circulación son monedas y billetes físicos. La gran mayoría del dinero creado y en circulación es digital.

Cuando un banco concede un préstamo éste crea lo que se llama “dinero comercial”, que a la hora de ser “devuelto” por aquél que pidió el préstamo, es borrado. Pero se ha creado dinero de la nada, el generado por los intereses. Dinero creado además a coste 0. Mucho más rentable incluso que imprimir un billete.

Un negocio como se ve muy rentable, el cual nos ha llevado a una economía actual basada en la deuda. El dinero que manejamos en el día a día es en gran medida procedente de deuda, más aún cuando los salarios no paran de bajar. La gente pide créditos y se endeuda (hay bienes tan esenciales como la vivienda que no se pueden adquirir si no es por medio de una hipoteca), con lo que se introduce dinero en la economía sin control, hasta que en algún momento pues estalla, y cuando esto pasa, la gente se ve aún más obligada a endeudarse más y más, hasta que llegan a un punto de sobreendeudamiento en el que no pueden hacer frente a sus deudas, con lo que se pasa de que los bancos “permitan” endeudarse a todo el mundo, a cortar en seco el acceso al dinero. O sea, permiten el acceso al dinero como quieren, a quienes quieren y cuando ellos quieren.

Con esto los bancos tienen prácticamente poder absoluto de redistribuir, y podríamos decir que directamente distribuir, el dinero. Cuando éste debería ser destinado a inversiones realmente productivas y positivas para la ciudadanía, cuando debería destinarse a seguir financiando a pymes que son el motor real de la economía española, a servicios públicos de calidad como la sanidad, educación, etc., el dinero lo dirigen los bancos a aquellos negocios más rentables para ellos, muchos de ellos derivados de la especulación, como por ejemplo, a inflar los precios de la vivienda. Los bancos, financiando promotoras y concediendo hipotecas sin límite ni control alguno, han contribuido y mucho al disparate de precios de la vivienda de los últimos años, hasta que la burbuja reventó, llegó la gran crisis, y ahora “no hay dinero para nadie”. O a productos financieros complejos, saltándose el proceso tradicional de hacer circular el dinero y crear riqueza a través de la creación de valor por medio de bienes y servicios, con sus correspondientes remuneraciones por el trabajo realizado. Ahora esto no es necesario. A partir únicamente de dinero se pueden obtener beneficios, es decir, necesitas dinero (y ya no solo tu trabajo) para generar beneficios, y, obviamente, cuanto más dinero tengas más beneficios serás capaz de obtener. Esto, creo no hace falta decirlo, no es productivo sino perjudicial para la sociedad.

Recomiendo ver el documental de Positive Money sobre el poder de creación de dinero de la nada, consecuencias y cómo poner freno (subtítulos hasta en 9 idiomas, incluido el español).

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